martes, 23 de marzo de 2010

Atado A La Vida












Mi corazón bombea el odio que hace que deje de latir, encharcando el suelo con el dulce deseo de la muerte que susurrando a mi oído me acuna por las laderas de los sueños imposibles, cayendo por el precipicio de la ignorancia de la que todos nos amamantamos.

Despierto envuelto con el oscuro sudor que me produce el manto de la soledad y veo el fracaso esparcido en mil pedazos, como la botella que revienta contra el suelo después de una mala borrachera y sutilmente me devuelve mi imagen en una mueca de arrepentimiento.

Froto mis ojos con la esperanza de borrar mis pesadillas, y solo me llevan a un mundo donde las ulceras que brotan de mi cuerpo impulsan al vomito de sangre por todos los poros de mi piel.

Me arrastro entre cuchillas oxidadas como monstruos en la imaginación de un niño, lucho contra fortalezas de acero y vuelo con el viento que arrastra la arena de los desiertos que pueblan mi corazón y que poco a poco desgastaran el bastión de la locura.

Marea que arrastra las lagrimas de la amargura atrapándolas en la multitud de inmensos mares, profundos y oscuros.